La Copa Libertadores es el mejor torneo de América. Después de la Champions League, el más importante del globo. Participar en él, para todos los países sudamericanos es mucho más importante que el torneo local. Si logran acceder a él, todos sus esfuerzos apuntan a conseguirlo, y dejan la liga de su país para mejor ocasión. ¿La razón? Da prestigio. Ganarla, coloca el futbol y al club campeón en boca de todo mundo en la verdadera meca de este deporte: Europa. Un ejemplo es el prestigio conseguido por el futbol ecuatoriano luego de que la Liga Deportiva de Quito lo ganara.Los ojos voltearon a ese futbol, y no sólo eso, sino que su mismo nivel creció a raíz de un campeonato que les hace creer que pueden. Puede ser el punto de inflexión en la carrera de un futbolista.Es una oportunidad única. Única. No se da cada año en la vida de los profesionales de este deporte. Lucas Lobos, Juninho, y otros jugadores de Tigres lo sabían. Sería una experiencia única para jóvenes valores como Alan Pulido. Pero el ‘Tuca’, que no puede ver más allá de sus bigotes, les cortó esa oportunidad. Como diría Maradona, ‘les cortó las piernas’. Por terco, casero, falto de visión. Lo que usted quiera. Pero egoístamente le quitó la ilusión no sólo a sus jugadores sino a la mejor afición de México. Es uno de los grandes errores en la historia de nuestro futbol. Nunca un equipo mexicano tuvo la oportunidad de conquistar verdaderamente la copa. En otras ocasiones han acudido equipos de rebote, sin ser los mejores. Hoy, por fin, iba el mejor. Y Tuca nos arrancó el corazón no sólo a regiomontanos sino a mexicanos de verlos lidiarse con los mejores de Sudamérica. La Copa Libertadores es vitrina, no como el futbolito mexicanito. Qué coraje. Qué impotencia.
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